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13 de abril: día internacional del beso

Hoy se celebra, aún un poco desconocido, el día internacional del beso.

La fecha recuerda el beso más largo de la historia que se dio una pareja en Tailandia, en el marco de un concurso organizado para celebrar el Día de San Valentín. Este concurso se celebra todos los años en diferentes partes del mundo y fue en ese marco donde una pareja de tailandeses, Ekkachai y Laksana Tiranarat lograron el récord marcando el beso más largo del mundo, que duró 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. 

Cuando salgamos de la pandemia, volveremos a besar y a recordar todos los beneficios que trae al organismo. A besarse se libera una hormona, la oxitocina, famosa por ser la hormona de la felicidad o del amor, que despierta sentimientos de afecto y apego. También se libera dopamina, una hormona vital para el cerebro en los mecanismos de motivación y recompensa. 

Para festejar el Día Internacional del beso, compartimos una historia que justamente se llama Beso.

En 1930, Antoine de Saint Exupery el célebre autor de El Principito, tenía 30 años y vivía en Buenos Aires, Argentina, donde trabajaba como controlador aéreo en una empresa llamada Aeroposta. Era francés, joven, piloto y recibía un buen sueldo, sin embargo, él mismo se quejaba de que no podía encontrar pareja, se sentía solo y deseaba encontrar a la mujer de sus sueños.

Un día de septiembre se cruzó con la guatemalteca Consuelo Suncin, viuda del escritor Enrique Gómez Carrillo. Ella había llegado en un barco donde había conocido al escritor Benjamin Cremieux quien la había invitado a una conferencia que él daría en el país. Fue ahí donde Crémieux le presentó a Saint Exupery. Lo único que Antoine comentó fue la baja estatura de la joven. Ella alcanzó a escuchar el comentario y se retiró ofendida.

Saint Exupery corrió a alcanzarla y le dijo las extrañas siguientes palabras: No se vaya…yo soy un oso grande. ¿No se anima usted a domesticarme?

La invitó a sobrevolar Buenos Aires y Consuelo aceptó, solo con la condición de ir acompañada de unos amigos. Cuando estaban en el aire, Antoine le pidió un beso. Como ella se rehusó, le dijo “sé que usted no quiere besarme porque soy muy feo” y apagó el motor de la aeronave y agregó “ya que usted no quiere besarme, nos hundiremos en el Río de la Plata”. Con todos asustados mientras el avión perdía altura, Consuelo tuvo que darle un beso en la mejilla. Así nació el amor entre ellos. A los pocos meses se casaron en Francia. Definitivamente el oso fue domesticado y encontró su media naranja, todo gracias a un beso.

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