Economía

La fiesta económica continúa

Todo parecía indicar que habíamos aprendido la costosa lección que nos impartió la crisis del año 2002. Hace tan solo cuatro años, el sistema bancario estaba en el medio de un colapso. Nuestro país al borde del caos. Su sistema de pagos dependía de la ayuda del FMI y este nos exigía el temido default. Vaya a saber por qué extraños designios, el gobierno de Estados Unidos le torció el brazo a la burocracia internacional del Fondo. Finalmente, recibimos un préstamo especialísimo (que incluyó un préstamo puente del gobierno de EEUU) para mantenernos en pie.

Parecía que habíamos aprendido la lección. El último año de los anteriores gobiernos se caracterizó por la expansión del gasto público. Pero en 2004, no solo no hubo expansión del gasto, sino que la presión tributaria expropiatoria dispuesta en el medio de la crisis (ajustes fiscales de febrero y mayo de 2002) quedó sin efecto y el superávit fiscal primario (o sea el resultado del Estado antes de pagar los intereses de la deuda pública) cerró con un guarismo histórico: 4,1% del Producto Interno Bruto. 

El nuevo ministro Astori auguraba la implementación de políticas contracíclicas. De hecho, ratificaba la conducta asumida en el último tramo del gobierno anterior al expresar en el documento de conducción económica de febrero de 2005: “Una política fiscal rigurosa” que “se proponga la generación de un importante superávit fiscal primario”.

Pero, a poco de andar, el gasto público se desboca. Y la máxima de la gestión fiscal de los gobiernos colorados y blancos vuelve a cobrar vida en el gobierno frenteamplista: crece el nivel de actividad, pues que crezca el gasto público. De un saque, la Rendición de Cuentas aumenta el gasto permanente en 150 millones de dólares que se suman a los 70 millones de dólares ya previstos en el Presupuesto Nacional. 

Dicen que nada mejor que un gran susto para que un curda recupere repentinamente la lucidez. Para nuestros gobernantes de turno parece que el susto de 2002 no fue suficiente. Otra vez los mismos errores. Parecen ignorar la necesidad de ahorrar en los períodos de auge para enfrentar los períodos de crisis. Como hace Chile. Como en la fábula de la hormiga y la cigarra. Como decía Don Carlos Quijano: “La incuria y la imprevisión y la ignorancia llevan a la dependencia. Inevitablemente”. La juerga fiscal continúa. 

Hasta ahora con un único cambio previsible. La cuenta de esta farra la pagarán -reforma tributaria mediante- las familias de clase media uruguaya.

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