Política

No pueden aceptarse más muertes por hipotermia de gente sin techo

El efecto invernadero y el calentamiento global son los grandes temas ambientales que el mundo comparte en estos días. Ambos se resumen en cambios en el clima con frecuentes manifestaciones muy negativas. Pero hablar en Uruguay del calentamiento planetario no parece ser muy oportuno estos días, cuando -hasta literalmente- nos estamos muriendo de frío, con varios días seguidos de temperaturas excepcionales por lo bajas. El clima cambia y los uruguayos no sólo tienen que prevenir las secas: hay también otras sorpresas. Una de ellas puede ser la temprana instalación de un invierno cruel. El tema da para más.

En estos días la prensa ha dado cuenta de 5 fallecimientos por hipotermia, todos ellos relacionados con gente que vive a la intemperie, en lo que por estos lados se ha dado en llamar “situación de calle”. 

Estas muertes golpean la conciencia de cualquier uruguayo. Y a nivel estatal y municipal, estos sentimientos dieron lugar a la apertura de nuevos refugios gratuitos, capaces de dar albergue a todos los que tienen algún rincón callejero como su único abrigo. Pero no todo está funcionando como debiera y así lo subrayan estas muertes. Y lo que quieren los uruguayos es que no haya ningún muerto más por hipotermia, por más que la víctima no esté en sus cabales por enfermedad o adicción.

Mucha de esta gente es refractaria a esta oferta de albergue y prefiere enfrentar al frío en plena calle, junto a sus cortas y miserables posesiones, por más amenazantes que parezcan los dictámenes del termómetro. Y aun existiendo brigadas que salen a buscarlos, se resisten a abandonar el rincón mugroso en el que están acostumbrados a ver pasar la vida.

Estas columnas entienden que la de esa gente es una conducta suicida. Y que así como ocurre en otras circunstancias en que alguien quiere quitarse la vida -la clásica es la del que cavila en el pretil de un piso alto, pronto a arrojarse al vacío- la sociedad interviene para impedirlo y los bomberos se ocupan de amortiguar la eventual caída con redes y materiales elásticos y algún negociador de Policía o Bomberos trata de disuadirlo o sujetarlo.

Es el primer paso de lo que, una vez superada la situación crítica, termina en la sedación más o menos profunda del que cometió la tentativa de terminar con su existencia. Dicho en otras palabras, la sociedad se siente en la obligación de proteger la vida también contra la voluntad del suicida y ofrecerle algún tratamiento que refuerce su autoestima. Si hay una resistencia agresiva, la inyección de sedante va a ser más fuerte y al despertar se verá. No cabe siquiera pensar que eso sea una violación de los derechos humanos del suicida. Es un modo de protegerlo y de dar amparo al primero y más importante de esos derechos, que es la vida. No parece creíble que un abogado vaya a pedir, ni un juez otorgar, un recurso de habeas corpus por haber obligado a un indigente a salvar su vida en un refugio nocturno.

No obstante, existen otros puntos de vista en esa materia. Se coincide en que la legislación habilita la internación compulsiva, pero solamente en los casos en que exista una adicción o una enfermedad mental. De la que -se acota desde aquí- el deseo de dormir a la intemperie y tapado por unos diarios viejos sería un síntoma más que elocuente. No obstante, hay quien sostiene que no es posible internar compulsivamente y está en consideración parlamentaria un proyecto de ley, presentado por la senadora Mónica Xavier, que elimina dudas al otorgar la capacidad de internar compulsivamente a quienes estén enfermos cuando ocurre un fenómeno como el de estos días, definición lo suficientemente amplia como para abarcar a la gran mayoría de los casos. 

El verdadero problema es ahora que el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) considera que en sus refugios no hay facilidades para recibir adictos o enfermos mentales, que obviamente no son pocos entre los que viven en la calle. De allí que no sólo los más recalcitrantes defensores de su decisión de permanecer a la intemperie queden excluidos del operativo especial que desarrolla el Mides, sino también todos aquellos que son adictos o enfermos mentales, que con más razón deberían ser protegidos.

Esto hay que resolverlo ya. El presidente Mujica expresó su preocupación -y su disgusto- en el Consejo de Ministros de esta mañana y ahora se baraja la posibilidad de sumar a efectivos del Ministerio de Defensa a la tarea de buscar e internar a quienes están en situación de calle. Defensa ya aportó al Mides 150 plazas para refugio dentro de cuarteles y puede manejar el tema con eficacia. También debiera reclamarse un aporte del Ministerio de Salud Pública, visto que los problemas que hoy excluyen de esta protección a gente en situación de calle se vinculan con la salud. Y visto, también, que solamente médicos pueden resolver la sedación de quien se maneje con agresividad.

El tema, entonces, está sobre la mesa del gobierno y con especial indicación de resolverlo ya. Al escribir estas líneas, incluso, aún no se conocía el tenor de una conferencia de prensa que había sido convocada para esta tarde con el propósito de anunciar nuevas medidas. El asunto se cubre en las páginas informativas de esta misma edición, que abarcan todo lo ocurrido en la jornada.

Por último, todos los ciudadanos debemos aportar algún esfuerzo para terminar con estos hechos penosos y conmovedores. Se ha desatado una polémica sobre los gestos individuales de apoyo, que en algunas fuentes oficiales se entienden contrarios a la meta de internar a todos en refugios. 

De lo que no hay ninguna duda es que se debe avisar por teléfono de la presencia de cualquier persona en riesgo de padecer más frío del que el cuerpo humano puede soportar. Hay que llamar al teléfono 2400 0302, internos 1840, 1841 y 1842. Un dato que conviene tener bien presente.

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